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CONTRA INSOLVENCIAS

En los últimos años estamos asistiendo a un protagonismo destacado de los temas económicos en nuestra vida diaria. Algo que parece ser una tendencia al alza en el futuro con la incorporación a las escuelas de planes de estudios financieros. Estos planes pretenden que los alumnos tengan en cuenta las oportunidades económicas y sus propias circunstancias, para evitar llegar a la situación en la que digan: “me declaro insolvente”.

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qué supone

La declaración de insolvencia viene de la mano de la imposibilidad de una persona física o jurídica (empresa) de atender las deudas contraídas con acreedores y proveedores.

Circunstancia que se da cuando el sujeto se queda sin líquido: sin dinero, aunque no sin bienes.

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el proceso

El primer paso es acudir a un abogado y solicitar representación letrada, lo que supone contar con un procurador.

Es el juzgado de lo mercantil que corresponda el que realiza la declaración de insolvencia y para hacerlo se basa en el patrimonio del sujeto, sus gastos, deudas e ingresos. 

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consecuencias

Optar por decir “me declaro insolvente” no siempre es la mejor alternativa, pues si bien tiene una serie de ventajas respecto a los plazos de devolución de la deuda, también supone un gravamen de la situación financiera del sujeto a largo plazo.

El momento de declararse insolvente

Los expertos en finanzas familiares y asesores económicos de las empresas, junto con los abogados del ramo, coinciden en que declarar la quiebra o insolvencia debe ser la última opción de todas las posibles.

Los procesos de concurso de acreedores están diseñados para atender a las características propias de las empresas, no de los individuos. Declararse insolvente es una decisión con riesgos, pues puede acabar con mayores deudas que las contraídas antes del proceso y con la ruina económica de la familia.

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